Joyitas

Una soleada mañana de un día de verano iba nuestro individuo camino de la estación de tren para acercarse a la gran ciudad, inmerso en su oscuro mundo de música y pensamientos cuando unas gitanas rumanas le detuvieron en mitad de la carretera.
- Oye chaval, ven aquí.
- ¿Cómo? -pregunto el chaval.
- Ven ven.

El chaval se fue con una de las gitanas a ver qué quería de él.

- Mira -le dijo la gitana-, ¿qué te parece? al tiempo que sacaba un sello de oro del bolsillo.
- El chaval se encogío de hombros mientras giraba la cabeza indicando que no le interesaba.
- Oro, oro… barato barato, se le conseguía entender a la rumana en su desesperado intento de vender ese sello de ‘oro’.
- Olvídalo, no me interesa -replicó el chaval- mientras se ‘escapaba’ de la gitana…

Al tiempo que nuestro individuo se iba la gitana comenzó a pronunciar palabras ininteligíbles en voz alta… quién sabe lo que estaría diciendo.

- A mí también me han ofrecido mil veces esclavas y sellos las gitanas, rumanas y los malotes, sobre todo por Sol, decía Alberto, al que nuestro individuo considera su mejor amigo, casi su hermano, días más tarde mientras caminaban bajo un sol no abrasador un sábado de agosto por el mejor barrio de Madrid.
- Cierto, hay unas mafias por ahí que te cagas, nano. No sé de dónde sacan tanto oro…
- Pues yo estuve a punto de comprar uno, pero al final me rajé.
- ¿Ah si? Yo no, a mi no me gustan los anillos -respondió el individuo-, y menos llevarlos porque sí. Si al menos ese anillo o esa pulsera simboliza algo, un compromiso con otra persona, una amistad, un amor… o simplemente si alguien te lo regala pues yo creo que sí, sería motivo para llevarlo… ¿no?
- Buf, no se tío, mira los míos, ahi están de adorno en la mesa, pues Alberto tenía varios anillos, sobre todo regalos de sus amigas.
- De todas formas yo no compraría ninguno, y menos de esa forma.
- Ni yo.

Y es que a nuestro personaje no le gustan los anillos. Mejor dicho, no le gustan los anillos que se llevan porque sí, no le gustan las manos plagadas de oro para lucirse. Las manos dicen mucho de la forma de ser una persona. Pongamos un ejemplo.

Un chandalero, un cani o una choni por definición siempre lleva oro en forma de collares y anillos. Sobre todo sellos, sellos de los que dejan huella cuando recibes un puñetazo. Por contra fíjate en esas pijitas que van con sus vestidos fashion. El oro no es parte de su atuendo. Sí en cambio pulseras de plata y bisutería.

Por supuesto siempre hay excepciones y es imposible distinguir qué anillos se llevan porque sí y cuales porque son un regalo. Eso está claro, pero es lo que poco a poco nuestro personaje ha ido observando. Le resulta curioso ver cómo la gente ‘normal’ o un tanto especial no lleva anillos.

¿Y qué pensara nuestro personaje ahora si se llega a enterar que estos, sus pensamientos aparecen en un blog? Pues no me lo llego a imaginar, pero no le sentaría nada bien, y más sabiendo que esto puede traer polémica en forma de comentarios…


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