Día de las excusas
Oficialmente hoy es el día de las excusas.
Son las 9.40 de la mañana. Gente con prisas, muchas prisas. De acercan a la estación de tren donde faltan pocos minutos para que pase con destino Madrid. Últimos metros antes de llegar al andén. De pronto una horrible voz interrumpe la silenciosa espera de los viajeros: “Atención señores viajeros, el sindicato CGT ha convocado un paro laboral de 24 horas para el día de hoy. […] Por favor consulten los horarios en las estaciones. Disculpen las molestias.”
Caras descompuestas se dibujan en los muchos viajeros que llenan el andén. Se oyen insultos, “pero si no han avisado!”. “Qué hijos de puta…”. Los móviles aparecen y la gente comienza a llamar: “Oye mira que hay huelga de tren y voy a llegar un poco tarde…” “¿Otra vez?”. “Sí, otra vez…” intentando encontrar una respuesta convincente, puesto que la realidad muchas veces no es creible.
Esas caras descompuestas al poco dan paso a rostros resignados: “ea, qué le vamos a hacer, otro día igual” -se oye-.
Otros viajeros no optan por usar el teléfono. Prefieren las prisas, que vuelven. Corriendo se dirigen al autobús que les trajo a la estación. “¿Sales en mucho?” -preguntan-. “En 5 minutos”. “Genial…”
La espera se hace interminable. “Sal ya capullo! Deja de leer el periódico y sal ya! ¿No ves que el tren no va a venir porque hay huelga?” -es lo que pensaban la mayoría de personas que llenaban el bus en su intento de huir de la estación en busca de otro medio de transporte para llegar a sus puestos de trabajo en hora-.
Llega la hora de salir. Algo va mal. Se oye un pitido intermitente… el conductor acelera y calienta el motor pero el ruido sigue. Llama por teléfono a algún compañero al tiempo que reanuda la marcha. Primera parada. “Oye tío que esto pierde aire y no lo recupera. ¿Qué hago?”.
“Cuando puedas llévalo a la cochera” -parece responder su compañero-. Por suerte antes deja a los pasajeros en otra parada donde coger otro autobús que les lleve donde el tren no lo ha hecho.
El bus se hace esperar. ¿Llegaremos? Vuelven a sonar los teléfonos. Esta vez, los que no sonaron antes. Finalmente el bus aparece. Destino: trabajo o lugar de estudios.
Dentro, los viajeros preguntan excusas al conductor. “¿Y qué le puedo decir?”, pregunta una señora. “Digo que no he cambiado la hora y ya está”. “Bah esa es muy vieja”, responde el conductor. “Dile la verdad y ya está, no es tu problema”. “Ya pero es que tantos días la misma excusa… como el jefe va en coche nunca llega tarde, ya ni me cree”, respondió la señora.
Observo el paisaje. ¿Qué podriamos destacar? La carretera…. está vacía!!. Pero ¿¿qué pasa hoy??.
El bus llega a su destino y ahora parece que la gente se dirige al metro. Dentro, cabezas agachadas miran el suelo intentando buscar en él una solución a sus problemas. El vagón repleto de personas pensativas que no abren la boca, no mencionan palabra. Todo sucede muy rápido, demasiado rápido como para percibir todo lo que ocurre a nuestro alrededor. El tiempo vuela.
Finalmente llegamos a nuestro destino. Están esperándonos impacientemente. “Hola. Perdon a pero no he podido llegar antes porque hoy otra vez había huelga de tren y he tenido que venir en bus”. “Ah pero ¿hoy también?. Joder con los de la Renfe…”. “Hoy y mañana”, respondimos. “Bueno no pasa nada. Venga, vamos”.
Decidido, hoy es el día de las excusas.