Sinsaberes
Y sigo sin saber por qué después de tantos años sigo como el primer día, inmerso en una de tantas fascinantes y temerosas primeras veces o en esta saciada rutina que me lleva a la deriva. Mi seguridad se diluye y por un momento vuelven las dudas. A o B. Izquierda o derecha. Pastilla roja o azul. Joder… ¿por qué no las 2?! Esta vida puta me enseñó a ser ambicioso y soy incapaz de escoger entre 2 buenas opciones.
Elecciones, al final siempre toca elegir y volver al punto de partida, a la casilla de salida en un tablero sin ‘casa’. Y sabiendo que cualquiera de esas decisiones puede cambiar tu vida para bien o para mal, ¿qué haces? Lo más rápido quizás sea encomendarse a una bola y 36 casillas, o a un Math.random(), mucho más inmediato. A la ruleta rusa nunca me gustó jugar.
Pros y cons… de nada sirven cuando la balanza está equilibrada, pero nunca lo olvides, nadie es imprescindible, nada es imprescindible. Tampoco eso dura eternamente, ni siquira el equilibrio de la más perfecta e impoluta de las balanzas, que será quebrantado por el tiempo. Maldito aliado el tiempo, que pone en su sitio a unos antes que a otros, y mientras tanto el reloj marca las horas, minutos y segundos con una infalible precisión. ¿Cómo llenar ese vacío?
Estar solo no ayuda. Incansablemente mi cerebro maquina magistrales planes encadenando situaciones y lugares de majestuosa belleza, día tras día y noche tras noche, muchas veces con un protagonista inequívoco. Think think think vs do do do (y su correspondiente dah-dah-dah como diría Sting). Overthink es la palabra… quizás overdrink sería más productivo e inspirador. ¿Qué es lo que nos diferencia? ¿Qué es lo que nos hace iguales? ¿Cómo? ¿Por qué? Demasiadas realidades para un cerebro extremadamente limitado como el mío, como el nuestro.
Ciervos en el camino interrumpen mi sueño. Cierro los ojos, giro la cabeza. Intento no respirar, pero ese pestilente aliento penetra por mis fosas nasales en contra de mi voluntad. Eco, echo, vibran mis neuronas al ritmo del frenético susurro de la pasajera del asiento 33. Por fin llego al que supuestamente es mi destino, pero ¿acaso lo es? ¿Es esta mi parada?
Nueva y dificil elección a la vista. Mientras, siento que alguien dirige su mirada hacia mí. Lentamente me giro y observo.
Esos ojos…
Esos ojos…
No! Esos ojos no condicionarán mi decisión. Al fin y al cabo tan sólo fueron una entrada más en mi lista de deseos incumplidos.