Sinsaberes (II)
Bajé del tren todavía con esa mirada clavada en mi retina y a pesar de los esfuerzos por no mirar, sucumbí y busqué a ese individuo a través de cristal, como en una de esas veces que, andando, crees reconocer a alguien y sin parar, rápidamente te giras, y ves a la otra persona hacer lo mismo, te mira sonriendo y tú sonríes también pero nadie para y cada uno continúa su camino y se acabó.
Pero mi peregrinaje no había terminado todavía. Cruzando incansablemente la ciudad de norte a sur, perdiendo impagables horas rodeado de extraños, los días son cortos y la huella del tiempo, profunda. Y ayer era octubre y hoy es abril. Y es que las cosas cambian mucho muy rápidamente, como la novedad del momento que semanas más tarde acaba en el último cajón del armario mezclado entre tantos otros éxitos anteriores que ya nunca escuchas.
Para qué negarlo, el equilibrio se rompió hace tiempo. La balanza se inclinó hacia el otro lado, provocada por la fuerza de esa componente aleatoria externa que todos sabemos que está ahí, pero que nunca viene explicada en los libros, y siendo consciente de que no era lo mejor para mí, intenté equilibrarla de nuevo, pero mis esfuerzos fueron en vano. La naturaleza es poderosa.
Entonces llegas a un callejón sin salida y es cuando verdaderamente te das cuenta de que tomaste la decisión equivocada. Es gracioso, “tomar decisiones”, como aquel que toma flan danone o caramelos (pez, si eres como Vicentín); y volvemos al rojo o azul. ¿O las mezclamos? Y que el hombre es el unico bicho viviente que vuelve a pisar la misma mierda dos dos veces. Y tres, y cuatro, y cinco… joder!! En qué momento me enseñaron a contar. También el único que, cegado por sus anhelos, no quiere ver a un palmo de sus narices. Palabras envenenadas y falsas promesas, como inmejorablemente explicó Adal, a lo cual yo añadiría: interés, malas formas, mentiras y excusas, a pesar de que el refranero español no se suele equivocar. ¡Pero qué poco eficiente!
Un déjà vu. Prohibido tocar, mirar, hablar, oir, sentir… y es que si tocas malo pero si no tocas peor. ¿O era al revés? Bah, a estas alturas ya nada importa. No hay nada escrito, pero intuyes como terminará todo. Decides alejarte, pero al volver sobre tus pasos te encuentras con otro muro. ¿Atrapado? No por mucho tiempo. El sol brilla en un cielo impoluto, ¿por qué no volar?
Y esperas y vuelas y sueñas y llegas y caes. 5 meses durmiendo… es hora ya de despertar. Apaga la pelicula y vámonos. Lo mejor, está por llegar.